En la tarde del 27 de junio, la comunidad gay veíase reunida en el Campo de Marte. Carros alegóricos y personajes de leyenda incendiaban el manto plomizo de esta ciudad esteril, extirpándole la tristeza y regalando algo de su inacabable excentricismo.
A propósito de esto, hace unos días ví la película "Mi nombre es Harvey Milk" y entendí que la perseverancia es inherente al ser humano. La tarde aquella de esta ciudad capital debería enseñarnos a brillar de vez en cuando.