En la víspera del nuevo año, la parafernalia destellaba en el cielo de la capital que todos llamamos Lima. Cohetes, bombardas, muñecos que arden hasta trasmutar en carbón y supersticiosos acaparan el panorama hasta donde se alza la vista.
Ahora sólo deseaba mostrar algunos golpes del obturador, solitarios, en una noche poblada de antiquísima magia.
La intención es reflejar un pedazo de locura dentro de este mundo orate. Un tanto de locura "caleta", subrepticia, como para pensar que la víspera del año nuevo es un fenómeno aterrador, despreciable.