El día 11 de junio, la tarde ploma de la lima capital veíase invadida por un desordenado mosaico de rostros. El centro de la ciudad se inundó de banderas y voces de protesta. Los gritos, que se oían feroces desde el oriente peruano, donde nativos y policias derramaban sangre, llegaban hasta nosotros para desgarrar las gargantas de los que protestan y declararse en rebeldía. Ese día, entre estruendos y el humo de las bombas lacrimógenas, nos rodeó el conflicto.