"Todo artista es un traumado", dijo Mario Vargas Llosa algunos años atrás, y sostiene su idea con el paso del tiempo.
En Miraflores todo parece trascurrir a una velocidad distinta, como el vuelo de una gaviota en los acantilados de la Costa Verde, con sonrisas que a mi no me significan nada más que la expresión dura y encorsetada de lo que debería ser una "vida normal.
En esta serie presentada en escala de grises siento plasmar un poco de ese trasfondo traumático que muchos de nosotros poseemos y del que somos a veces concientes y muchas otras no.