El fútbol, para este atormentado servidor, no se restringe a aquel deporte colectivo delimitado por la universal marcatoria blanca que designa como ganador a quien anote un gol. El fútbol, y lo digo con la concha más grande del mundo, es un fiero derramamiento de emociones sobre el verde que, como dijo el cronista Eloy Jáuregui, es lo mismo que el sexo en el ring de las cuatro perillas.
Para mí, el fútbol es una lucha alimentada por el poder del contacto. La victoria y la derrota son las variantes de la gloria y la impotencia, de la sacrosanta piconería que distingue al peruano de exquisita casta. La cuestión es sencilla: el fútbol no es más que la parafernalia de los conflictos humanos plasmados en aquellos límites que la tiza alba delimita.
Mi manera de gozar el fútbol, más que por los resultados, se debe a su tauromaquia selecta, a su finísimo arte de abolir frecuencias físicas y elevarnos, mas bien, al campo de la confrontación de emociones. El balonpié es lucha, lo dije antes, y a través de su brega oriento mis patologías. Oigalo usted. ¿Cómo suena?
PD: Las imágenes fueron recopiladas paralelamente a la cobertura de la final de la EuroCristal 2008 (campeonato amateur organizado por la empresa Toque Fino. Para mayor información de esta final: www.toquefino.com).