Es la síntesis del mestizaje. La megalópolis gris que aflora de entre el asfalto y los gases que ascienden a la atmósfera congelándolo todo en un caótico presagio del casi apocalíptico devenir que nos espera. Así se presenta.
Un pedazo transformado por los migrantes chinos que han sabido dar forma a este barrio, donde cada vez es más difícil comer buen chifa (con cocinero del oriente incluido). Una criollada más para la paleta de la pendejada limeña. Así se pinta calle Capón, con esas texturas que masomenos configuran un daguerrotipo de lo que siempre queremos ser, y que no somos.
Encontré preciso utilizar una cámara Pentax analógica y un lente de 24mm para documentar lo que la Lima gris nos regala de cuando en cuando.